Las crías de la cala
En la cala había tres crías de foca detrás de unas rocas, separadas del resto por un canal que la tormenta había abierto. Las madres esperaban en la roca grande, llamándolas con un sonido que Pipo entendió antes que Marina.
No podían cogerlas en brazos. Nube voló por delante para marcar el fondo firme y Marina fue vadeando el canal, despacio, dejando que las crías la siguieran. Pipo nadó detrás para que ninguna se quedara. La tercera se detuvo tres veces. Tardaron una hora.
Cuando la última cría llegó a la roca grande, eran las cinco y cuarto. La boca de la cueva que daba a la cala, la que el mapa señalaba con una cruz, ya estaba bajo el agua.
Ramón apareció por el sendero con un farol. Los había visto desde el faro. Miró la cueva cerrada, miró las focas y no dijo nada del tesoro. Dijo que la próxima marea baja era a las seis de la mañana, y que él conocía esa cueva.
Volvieron los tres al faro. Pipo apuntó la hora de la marea en el margen del mapa. Marina se durmió con las botas mojadas. El tesoro llevaba treinta años en la cámara; podía esperar una noche más. Las focas, no.
Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir por el sendero del bosque
- Bajar a la cala de las focas
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