El bosque de Nube
El sendero del bosque empezaba donde acababa la arena. Los pinos estaban llenos de agujas caídas por la tormenta y entre las ramas volaban luces pequeñas que se apartaban al paso.
Una de las luces se detuvo delante de Marina. Era Nube, un hada del tamaño de una gaviota, con un chaleco de corteza, que cuidaba los senderos del bosque.
—El puente hasta la torre está entero —dijo—. Pero el viento no ha parado. Y en la cala hay crías de foca que la tormenta separó de las madres; llevo oyéndolas desde el amanecer.
Marina abrió el mapa. El sendero de puntos llegaba a la torre y bajaba después a la cala. Desde la torre se veía toda la isla; en la cala estaban las focas. Pipo miró el sol: quedaban dos horas hasta las cinco.
Nube podía acompañarlos por cualquiera de los dos caminos. Lo que no podía era estar en los dos.
¿Qué camino eliges?
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