La torre del vigía
El puente colgante cruzaba un barranco entre dos pinos. Se movía como una hamaca. Nube fue delante, contando las tablas. Marina y Pipo cruzaron como había dicho Ramón: las dos manos en las cuerdas, parando cuando llegaba una ráfaga, avanzando cuando pasaba. Pipo contó cuarenta tablas y se equivocó dos veces.
La torre del vigía estaba al otro lado, medio caída. Desde arriba se veía la isla entera: el faro, la playa, la colina de la cueva y, al pie de la colina, la cala de las focas.
Marina extendió el mapa sobre la piedra. Vista desde arriba, la cruz no estaba en la colina: estaba en la boca que la cueva tenía hacia la cala, una entrada que solo se descubría con la marea baja.
Bajaron corriendo. A las cuatro y cuarto, la boca de la cala estaba abierta un palmo por encima del agua. Dentro, en una cámara seca, había un cofre pequeño sobre una repisa: una brújula de latón, monedas con caras desconocidas y un cuaderno de bitácora firmado por Dora Elche, capitana.
Ramón los vio volver desde el faro y bajó a la playa. Reconoció la letra antes de abrir el cuaderno: había sido su grumete. Aquella noche lo leyó entero. Nube se quedó con la última hoja del mapa, que ya nadie necesitaba, para tapar una gotera de su nido.
Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir por el sendero del bosque
- Cruzar el puente colgante hasta la torre
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