Tres llaves que no había que llevarse
Las conchas terminaban junto a una caja fijada a un banco. De su tapa colgaban tres llaves, cada una sujeta con una cuerda. Tenían formas de hoja, luna y pez. En la cerradura se veía una pequeña hoja grabada.
Kit levantó la llave del pez porque era la más brillante. Sable señaló el grabado y el zorro volvió a dejarla. No tenían prisa suficiente para fingir que el brillo era una pista.
Ren encontró otra inscripción: «Quien conoce el árbol puede ir a su sombra». A través del claro se veía un roble grande, con una puerta pequeña en el muro que quedaba detrás.
Podían interpretar aquella frase y acercarse al roble, o probar la llave cuya forma coincidía con la cerradura. Sable sujetó la tapa para leer mejor la inscripción, pero no tiró de ella. La caja todavía estaba cerrada.
¿Qué camino eliges?
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