Un horario en la puerta
Cuentos de Valores 13-18 años
Isla del Respeto y la nave del muelle
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Un horario en la puerta

Siguieron hasta que anocheció. Teo escribió el horario en un cartón: la banda de seis a ocho los martes, jueves y sábados hasta la fiesta; la rampa el resto; los cables recogidos en cuanto acabara el ensayo, y nadie rodando durante las dos horas de música. Iria y Ona lo firmaron con el mismo rotulador, una después de la otra, sin mirarse.

El altavoz no entró en el cartón. Nadie reconoció haberlo tirado y nadie quiso pagarlo por adelantado. Teo apuntó en una esquina «altavoz: pendiente» y lo dejó así, porque lo otro habría sido inventar un culpable para poder irse a cenar.

La concejala vio el cartón en la puerta al día siguiente y no puso el candado. Marcos dejó de ir a la nave durante una semana; patinaba solo en la plaza cuando no llovía. Nadie fue a buscarlo, y Darío tuvo que aceptar que un horario no obliga a nadie a quedarse.

La banda tocó en la fiesta con un altavoz prestado del local. En la nave, el cartón se fue llenando de anotaciones a lápiz: un cambio de día, una tarde cedida, un «gracias» que alguien tachó y volvió a escribir.

Darío lo fotografió a final de verano. No era un acuerdo bonito. Era un papel que dos grupos habían seguido leyendo después de firmarlo, y en la isla no había muchos así.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Ir a la nave esa misma tarde y entrar en la discusión
  2. Seguir con la mediación hasta cerrar un horario
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