Unos días sin nave
Darío y Teo no convocaron nada más. Al tercer día, la concejala puso el candado «provisionalmente». Llovió dos tardes seguidas.
El viernes, Iria y Ona fueron juntas al ayuntamiento a pedir la llave. No se lo dijeron a Darío ni a Teo. Llevaban un horario escrito a mano, repartido por semanas hasta la fiesta, y una frase al pie: «El altavoz lo arreglamos entre los dos grupos». La concejala les dio la llave esa misma tarde.
Darío se enteró por el cartel de la puerta, dos días después. Tenía una falta de ortografía y el sábado repetido dos veces. No lo corrigió. Teo quiso pasar a ver cómo iba y Darío le pidió que esperara una semana.
El acuerdo no era mejor que el que ellos habrían propuesto. Era peor en dos cosas y mejor en una: lo habían hecho sin ellos, y por eso nadie podía echarles la culpa después.
En la fiesta, la banda tocó en la nave y los patinadores montaron la rampa fuera, en el muelle, para esa noche. Darío y Teo miraron desde la barra del local. Nadie les dio las gracias. Teo dijo que era la primera vez que arreglaban algo no haciendo nada, y que no sabía si le gustaba. Darío dijo que a él tampoco, y que aun así lo apuntaría.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Citar a los dos grupos en el local, con reglas
- Dejar pasar unos días sin reuniones
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