Una reunión con reglas
Teo puso las reglas en la puerta del local: uno habla cada vez, los móviles en la mesa, nadie se va antes de que acabe el otro. Vinieron cuatro patinadores y los cuatro de la banda. Iria, la que llevaba a los patinadores, se sentó lo más lejos posible de Ona, la cantante.
Darío repartió papeles y pidió una sola cosa: que cada uno escribiera qué perdería si la concejala ponía el candado. Leyeron los papeles en voz alta, sin nombre.
Casi todos decían lo mismo con distintas palabras: el único sitio seco de la isla donde nadie te manda a casa. Un papel decía «el sitio donde no tengo que ser el hijo de nadie». Nadie preguntó de quién era.
Cuando Teo creyó que podía pasar al horario, Ona sacó el tema del altavoz. Marcos, un patinador que apenas había hablado, dijo que él había empujado la rampa, pero que el altavoz ya estaba en el suelo cuando cayó. Ona no lo creyó. La reunión no se rompió, pero se quedó en ese punto.
Darío y Teo podían proponer una tarde de trabajo en la nave, los dos grupos juntos, para arreglar lo que estaba roto y dividir el espacio con las manos, no con papeles. O podían dejar pasar unos días sin reuniones, con lo dicho encima de la mesa, y ver qué hacían los grupos por su cuenta.
¿Qué camino eliges?
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