La noche de las ventanas abiertas
Inés anunció la decisión y pidió a Varo que protegiera la salida con su cuerpo. En el mausoleo giró la rueda roja hasta el tope. El maestro quiso ayudarla; ella le señaló la verja. —Abre paso. Después tendrás que explicar lo que hiciste.
Los tubos silbaron. Las flores se inclinaron todas hacia la ciudad y se deshicieron como papel quemado. Durante un instante, Inés vio cientos de sombras regresar por encima del muro. La cuarta que los había seguido se fragmentó con ellas. Las raíces soltaron los barrotes.
Elena abrió la puerta de su casa con las manos temblando. Inés pasó la noche a su lado sin pedirle que se calmara. En otras calles también se encendieron lámparas. Corvus llevó avisos a los cuidadores de la ciudad; Varo abrió el antiguo invernadero como refugio para quienes no querían estar solos.
Al día siguiente, Inés entregó los registros completos al consejo, incluidos los que llevaban su propia firma de recepción. El maestro tuvo que responder por las capturas. Ella renunció al cargo de guardiana y se incorporó al trabajo de asistencia.
El jardín no volvió a crecer. Durante meses, sin embargo, Elena durmió con una ventana entornada y una luz en el pasillo. Su hermana aprendió a preguntar antes de apagarla.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir a Corvus hasta el muro
- Destruir el jardín y atender después a los afectados
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