El susurro del bosque sombrío

El susurro del bosque sombrío

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El bosque se adentraba en silencio, y los tres exploradores se internaron con pasos cautelosos. La niebla se espesaba como una sábana gris y cada crujido de rama parecía un susurro de advertencia.

—Tenemos que encontrar una pista que disperse la niebla y revele el camino seguro —dijo el Brujo aprendiz, con voz clara y calmada—, trabajemos juntos y no nos apartemos del cuaderno de rutas.

El Explorador nocturno asintió, ajustó la capucha y sacó su cuaderno: Ruta 7 a la Luz. —Voy a apuntar cualquier detalle del terreno: flores que brillen, piedras alineadas, huellas de animales. Todo podría ayudar.

—Yo observo el cielo y las sombras, dijo el tercer explorador, que venía detrás—, si la niebla se mueve de forma rara, quizá haya un rastro de luz que podamos seguir.

Avanzaron hasta un claro donde la niebla formaba un velo continuo delante de ellos. En el centro, la primera pista apareció: tres piedras de colores parecidos a faroles apagados. El Brujo aprendiz las examinó, midiendo cada destello que emergía bajo la luna.

—La luz no se enciende sola, hay que activar las tres piedras con un orden concreto —explicó—, y cada una exige una acción práctica: la roja pide mover, la azul pide escuchar, la verde pide mirar.

El Explorador nocturno se inclinó para ver mejor. —Escuchamos primero el murmullo del bosque y luego la dirección de las sombras. Si las movemos en el orden correcto, la niebla se dispersa.

El tercer explorador añadió con tono firme: —Y debemos mantenernos juntos, no separarnos, para no perdernos ni caer en trampas.

Con las ideas claras, se miraron entre sí y se colocaron las manos sobre las piedras, listos para probar. Pero una pregunta quedó en el aire: ¿conseguiremos encender la ruta antes de que la niebla se cierre por completo?

¿Qué camino eliges?