El último frasco
Cuentos de Halloween 18 años o más
El jardín de las sombras prestadas
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El último frasco

Varo bajó la palanca de aislamiento del mausoleo. Las raíces se estremecieron contra los muros, pero los conductos de entrada quedaron cerrados. El maestro entregó las llaves. Inés las guardó y le asignó una tarea que podría comprobar: copiar cada ficha para su destinatario, sin ocultar las firmas que faltaban.

Corvus llevó los avisos. Las primeras personas llegaron con familiares, desconfiadas. Nadie tuvo que entrar en los invernaderos: Inés sacaba el frasco correspondiente al patio y explicaba qué ocurriría al abrirlo. Varo mantenía el calor justo para liberar la sombra sin despertar nuevas raíces.

Elena prefirió esperar tres días. Inés habría querido atenderla primero, pero respetó su decisión. Cuando abrió su frasco, Elena lloró de miedo y de rabia. No abrazó a su hermana. Le pidió que se sentara al otro extremo del banco, donde pudiera verla.

El trabajo duró todo el invierno. El maestro compareció ante el consejo entre turnos de vigilancia. Inés también declaró y dejó constancia de lo que había ignorado. No podían borrar sus años de obediencia con unas semanas de cuidados.

En primavera liberaron la última sombra. Varo apagó la caldera y el jardín quedó en tierra desnuda. Elena llevó una silla al patio para sentarse al sol. Esa vez dejó otra a su lado.

¡Fin!

Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Comprobar los riesgos en el mausoleo
  2. Organizar una devolución lenta con las personas afectadas
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