La caja bajo el tejadillo
Olmo y Pincho siguieron las marcas de ruedas hasta el porche trasero. Allí estaba Mimi junto a un carrito con la caja de guirnaldas.
—La lluvia entraba por la ventana —explicó la gata—. Las traje aquí para que no se mojaran. Iba a avisar en cuanto extendiera estas cintas.
Los amigos comprobaron que los adornos estaban secos. Ayudaron a llevarlos al granero y contaron a Lía lo ocurrido. Ella colocó la caja lejos de la ventana y pidió al encargado que revisara el cierre.
Entre todos colgaron las guirnaldas. La fiesta podía comenzar. Olmo y Pincho podían quedarse a celebrar o despedirse y volver a casa; los adornos ya estaban en su sitio y el encargado se ocupaba de la ventana.
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