Una hoja, esta vez
Ígnea eligió hacer una sola hoja de arcilla. Somni preparó una plantilla y Tronador ventiló el taller con una corriente suave mientras ella trabajaba.
Antes de encender el horno revisaron la temperatura indicada para aquella arcilla. Ígnea mantuvo su fuego dentro del ajuste y utilizó un reloj para no prolongar la cocción. Después dejó la pieza enfriándose durante toda la noche.
A la mañana siguiente sacó una hoja firme, de bordes algo torcidos. La montaron delante de una piedra luminosa, cuya luz marcaba las nervaduras.
En la fiesta, Ígnea explicó cómo la había hecho. También contó que la primera versión, mucho más grande, se había quemado. La pieza nueva no necesitaba borrar esa parte de su aprendizaje.
Al volver al taller escribió el tiempo y la temperatura junto a la plantilla. Había empezado otra vez, pero no desde el mismo lugar: ahora tenía medidas que antes había decidido ignorar.
Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Trabajar con los restos de Ígnea
- Crear una pieza nueva con calor controlado
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