La firma que no pudo desaparecer
Cuentos de Misterio 18 años o más
La última campanada de Villa Bruma
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La firma que no pudo desaparecer

Esperaste a los agentes sin anunciar tu conclusión. Les entregaste la copia de carbón y señalaste el documento original que Abel debía conservar. Mientras una pareja de agentes recogía las pruebas del despacho, otra le pidió que mostrara los papeles de la reunión.

La citación coincidía con la copia. Los justificantes originales confirmaban las diferencias en las cuentas. Abel había acudido a ver a Esteban antes de las diez, pese a afirmar que ya se encontraba en el salón.

Celia declaró que recibió de él el disco del brindis. La grabación antigua explicaba por qué su presencia junto a ti a las diez y cuarto no lo alejaba de una agresión anterior.

Abel acabó confesando el golpe con el faro de bronce y la manipulación del reloj. Los agentes comprobaron sus detalles antes de incorporar la declaración al resto de las pruebas.

La fundación no recuperó su dinero aquella mañana, ni Esteban pudo escuchar el resultado de la investigación que había pedido. Pero los documentos quedaron disponibles para seguir ambas causas.

Entregaste el cuaderno de cuentas a su responsable bajo recibo. Habías identificado al asesino y, además, evitado que el motivo de su crimen quedara reducido a una palabra contra otra.

¡Fin!

Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Examinar el despacho y el reloj detenido
  2. Seguir la pista de las cuentas de la fundación
  3. Entregar las copias y pedir que localicen el original antes de confrontarlo
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