Una demostración en la ciudad orbital

Una demostración en la ciudad orbital

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La ciudad orbital latía con luz fría sobre la cúpula de cristal. En el centro, un líder holográfico flota a la altura de la cintura de cualquiera y sus palabras llegan como un murmullo claro que no admite cuestionamientos: la ayuda que ofrece no es gratis, exige pruebas de valor o de intención.

Alrededor, el equipo se mantiene en formación: Aeon, de mirada severa y voz pausada; Nyra, con destellos en los ojos que se apagan y encienden según el pulso del cosmos que manipula; Tessa, alimentada por cables que recorren su chaqueta y la mente afilada para reparar cualquier fallo en segundos.

El líder holográfico se materializa en un panel que funciona como espejo y ventana a la vez. —Ofrezco mi ayuda para acelerar vuestro viaje y protegeros de riesgos temporales, a cambio de pruebas claras de valor o de intención.

La sala no es enorme, pero el silencio pesa. Nyra se adelanta con una determinación suave. —Necesitamos saber qué clase de ayuda dan antes de aceptar. No quiero trucos que nos hagan perder el paso correcto.

Aeon observa a la figura luminosa y luego al equipo. —Las pruebas deben ser justas y medibles. Si nos das algo sin explicarlo, podríamos arrepentirnos cuando ya sea tarde. Propongo una demostración de intención: que el líder nos vea elegir una ruta que no nos convenga a nivel inmediato, pero que sea correcta a largo plazo.

Tessa cruza los brazos, midiendo al holograma con una mirada analítica. —Podemos exigir una prueba de valía que no ponga en riesgo la misión, por ejemplo un verificador externo que confirme nuestras decisiones. Pero la decisión debe nacer de nuestra ética, no de la necesidad de obtener ayuda.

El líder responde con una claridad fría: —Puedo adaptar la demostración a vuestros principios. ¿Prefieren una prueba de resistencia física simulada, o una prueba de lealtad a la misión?

La pregunta queda flotando entre el zumbido de los drones y el murmullo del aire acondicionado. El equipo se mira entre sí, buscando señales de acuerdo o de duda. Nyra extiende las manos y un pentagrama de energía se forma brevemente en su palma, luego se disipa sin daño alguno. —Una demostración de intención sería suficiente si demuestra que priorizamos el bien común, no la autoprotección.

Aeon asiente. —Entonces que sea una decisión concreta que afecte a nuestra ruta futura. No quiero que el holograma piense por nosotros, pero que vea que elegimos con responsabilidad.

La ciudad orbital parece escuchar, y el líder holográfico se incline apenas, como si aceptara el reto. En ese instante, el equipo sabe que la próxima decisión definirá no solo su próximo paso, sino quiénes serán cuando crucen la siguiente era. ¿Confían o exigen una demostración?

¿Qué camino eliges?