Vera y la feria de las hojas viajeras
Vera y la feria de las hojas viajeras
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Vera y la feria de las hojas viajeras

El primer sábado fresco de septiembre, Vera llegó al parque con las botas rojas todavía mojadas. A su lado caminaba Leo, cargando una mochila azul. Bajo el pabellón de madera, Alba preparaba la Feria de las Hojas Viajeras: una tarde para descubrir qué cambiaba en el bosque cuando se acercaba el otoño.

Una ráfaga levantó el gran mapa con forma de hoja que presidía la entrada. Vera y Leo consiguieron sujetarlo entre los dos. Estaba dividido en cuatro partes: una mostraba hojas de colores; otra, un arroyo; otra, manzanas; y la última, semillas con alas y ganchos.

—Cada pareja preparará una mesa de la feria —explicó Alba—. Podéis explorar, probar y equivocaros. Solo hay dos reglas: recogeremos lo que ya esté en el suelo y dejaremos tranquilos a los animales.

Pico, el petirrojo del parque, saltó sobre la barandilla. Vera miró dos senderos. Por el de la ribera viajaba una hoja amarilla. Por el de la colina llegaba olor a manzana.

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¿Qué camino eliges?

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