El sendero de la ribera
La hoja amarilla avanzaba a saltos por el sendero. A veces el viento la empujaba; otras, se quedaba pegada al suelo húmedo. Vera quiso atraparla, pero Leo señaló otras diez hojas caídas que brillaban alrededor.
—No necesitamos perseguir una sola —dijo—. El suelo ya está lleno de pistas.
Junto a un arce encontraron amarillos y naranjas. Cerca del agua, la lluvia golpeaba raíces, piedras y la cubierta de madera con sonidos distintos. Alba, que caminaba unos pasos detrás, les recordó que el arroyo podía crecer deprisa después de llover y que debían observarlo desde la pasarela.
Había tiempo para preparar una sola exposición. Vera sostuvo el mapa: podían investigar por qué cambiaban de color las hojas o construir una mesa para escuchar y medir la lluvia.
¿Qué camino eliges?
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