La colina de los frutos
El camino de la colina terminaba en el pequeño huerto del parque. La noche anterior, el viento había dejado manzanas sobre la hierba. Algunas estaban enteras; otras tenían golpes; ninguna seguía colgada de las ramas.
Más allá del cercado, las alas de los arces giraban como diminutos helicópteros. También había bellotas bajo los robles y unos frutos con ganchitos prendidos en un felpudo de demostración. Pico picoteó el suelo y alzó el vuelo antes de que los niños se acercaran.
Alba les entregó dos bandejas vacías. —Los frutos y las semillas viajan de maneras diferentes. Podéis preparar la mesa de las manzanas caídas o la de los grandes viajes. Elegid una y dejad material para los demás grupos.
Leo olió el aire. Vera hizo girar una semilla de arce entre los dedos. Las dos mesas prometían una tarde interesante.
¿Qué camino eliges?
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