Un cambio en el programa
Rafael acompañó a Isolda hasta la mesa de la organización. La princesa mostró solo la parte de la petición que necesitaban conocer: el poema no debía leerse ni repartirse.
—Fui yo quien lo puso sin permiso —explicó.
La organizadora tachó la lectura del programa y visitó los puestos para retirar sus copias. En su lugar dejó un espacio para quien quisiera leer algo propio voluntariamente.
Isolda escribió a Elia cuando terminaron. Le pidió disculpas y confirmó que el poema ya no formaba parte de la fiesta.
Elia se acercó a la mesa al caer la tarde. Vio el programa corregido y habló un momento con la organizadora. Después buscó a Isolda.
—Hoy no quiero leer nada —dijo.
—Está bien.
Se sentaron en extremos del mismo banco para escuchar a otra persona. No hablaron mucho, pero Isolda no interpretó el silencio como un permiso para insistir.
Al despedirse, Elia propuso dar un paseo otro día. La princesa aceptó sin poner fecha por ella. Había un pequeño espacio para volver a encontrarse, y esta vez Isolda estaba dispuesta a cuidarlo.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Buscar un recado en el buzón de la fuente
- Pedir a la organización que retire el poema
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