Luna junto al estanque
Los tres siguieron el sendero de hojas. A cada paso, las hojas secas crujían bajo las patas de Unicornio. Al final encontraron un estanque rodeado de sauces.
Sobre una rama baja estaba Luna, una pequeña hada con botas verdes. Recogía ramitas que el vendaval había arrancado.
—¡Hola! Soy Luna. Cuido este jardín —dijo—. ¿Habéis venido por las flores apagadas?
—Sí. La fuente casi no canta —respondió Fénix.
Ángel se asomó al estanque. Estaba lleno de agua, pero al otro lado del sauce el canal que iba hacia la fuente parecía seco.
—Aquí hay agua de sobra. ¿Por qué no llega al jardín? —preguntó.
—Algo debe de haberse atascado con el viento —dijo Luna—. Conozco la entrada del canal. Si queréis, puedo acompañaros.
Unicornio miró unas pequeñas ondas que desaparecían detrás de las ramas del sauce.
—También podemos seguir esas ondas e intentar encontrar la entrada nosotros —propuso.
Luna dejó las ramitas en una cesta y sonrió.
—Estaré aquí si me necesitáis.
¿Preferían que Luna les enseñara el camino o investigar juntos la orilla?
¿Qué camino eliges?
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