Un soplido sin llama
El laberinto del dragón y las voces del patio
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Un soplido sin llama

—Es el aire —dijo Darío al leer la adivinanza. Fuego apoyó el hocico frente a la abertura y esperó la señal de Elvira.

La guardiana giró la rueda mientras el dragón soplaba despacio, sin llama. La compuerta soltó la hoja seca que la trababa. De inmediato, los gritos dejaron de retumbar por el pasillo.

Elvira comprobó el mecanismo y llamó al patio por un tubo que servía para hablar. Le respondieron que Boro, un vecino de voz enorme, se había asustado al oír su propio eco. Ya estaba acompañado.

Darío anotó la reparación antes de salir. No habían visto toda la función, pero sabían por qué el laberinto gritaba y habían ayudado a que volviera a sonar como un lugar lleno de gente.

¡Fin!

Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Visitar la sala del viento por el camino señalado
  2. Responder «el aire» y ayudar con un soplido
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