La voz enorme de Boro
Las luces los llevaron al patio del teatro. Boro, una criatura enorme de pelaje azul, estaba junto a la entrada, repitiendo «¡dejadme pasar!». Cada grito regresaba desde tres tubos distintos.
Los actores se habían apartado. Boro creía que alguien se burlaba de él desde las paredes y agitaba un banco al intentar girarse.
Lira mantuvo libre la salida. Darío vio que no convenía reunir más público alrededor; Fuego podía ayudar a separar el banco de los tubos sin lanzar fuego.
Podían llamar a Boro desde un lugar tranquilo y explicarle el eco. O despejar primero el espacio alrededor del banco y pedirle con firmeza que dejara de moverlo antes de hablar.
¿Qué camino eliges?
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