Primero, espacio para moverse
El laberinto del dragón y las voces del patio
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Primero, espacio para moverse

—Boro, deja el banco en el suelo. Estamos despejando el paso —dijo Lira desde un lateral.

Fuego sujetó el extremo que estaba a punto de golpear un tubo. Darío apartó las sillas vacías, manteniendo el arco guardado: una flecha no arreglaría aquel atasco ni aquel susto.

Con espacio alrededor, Boro dejó de girarse bruscamente. Lira le explicó que las voces eran ecos. Poco después, Elvira soltó la compuerta y el ruido disminuyó.

Un banco había quedado torcido. Boro ayudó al encargado a llevarlo al taller y acordaron revisar el patio antes de abrirlo al público.

La función empezó más tarde. Darío y sus compañeros salieron cuando ya estaban colocando los asientos; se despidieron de Boro, ocupado en sostenerlos mientras apretaban sus patas.

¡Fin!

Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Volver al pueblo para buscar a Lira
  2. Seguir las luces hasta el patio
  3. Despejar el espacio y pedir que suelte el banco
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