La grieta que cambia el puente

La grieta que cambia el puente

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Liro y Nina sostienen la grieta luminosa con la mirada, sus respiraciones se vuelven más cortas al oír un murmullo que parece venir del túnel que se abre bajo el puente. El sonido es claro: una gota cae en una cavidad oscura y, al instante, la estructura del puente vibra como si se despertara.

—Tenemos que decidirlo ya—, dice Liro, en tono práctico, mientras observa las luces que se deslizan por la grieta y la linterna azul colgante, que parece latir con cada pulso. —Si avanzamos, el túnel podría cambiar más y tal vez no podamos volver atrás.

—La seguridad primero, pero también la curiosidad—, comenta Nina, recogiendo datos en su cuaderno con rapidez. —Si nos movemos, debemos buscar señales de salida en el muro y registrar el ritmo del pulso de la linterna para no perdernos.

El puente se inclina ligeramente hacia el túnel, como si quisiera invitarles a entrar. La pequeña cámara detrás de la grieta, que antes parecía un secreto inofensivo, ya no está tan lejos y el pulso de la linterna se sincroniza con el temblor de la estructura.

—Primero, buscamos una salida clara en el borde del túnel—, propone Nina, con voz serena. —Si el pulso cambia demasiado, retrocedemos sin dudar.

—De acuerdo—, asiente Liro, guardando el cuaderno y tomando la linterna entre sus dedos. —Demos un paso corto, comprobamos las señales en la pared y si el camino se cierra, retrocedemos de inmediato.

Avanzan juntos, despacio, atentos a cada sonido y a cada brillo. Comprenden, entonces, que el tiempo cambia cuando uno se decide a cruzar lo desconocido; y que la valentía no es avanzar sin miedo, sino entrar con cuidado y volver con la certeza de haber elegido bien.