Un carpintero con plumas
El puente que siempre volvía al principio
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Un carpintero con plumas

Liro siguió las marcas azules hasta una ventanilla desde la que podía ver la campana. Un pájaro carpintero picoteaba el travesaño de madera donde estaba colgada. Cada golpe hacía vibrar el metal.

Nina avisó a Zarpín. El relojero abrió el acceso de mantenimiento y colocó un protector alrededor de la campana, dejando libre la madera que interesaba al pájaro. Después comprobó el sensor con su palanca de prueba: la alarma seguía funcionando cuando debía.

Al cesar las falsas señales, el cristal se volvió verde. Zarpín atravesó primero el puente y les hizo una seña desde la otra orilla. La cinta de Liro quedó atrás, por fin.

Llegaron a la feria justo cuando llamaban a Nina. Su despertador abrió una cortina diminuta y dejó entrar la luz sobre la mesa. Nina explicó el invento sin olvidar mencionar que una máquina debía responder a lo que importaba, no a cualquier ruido.

Liro la escuchó desde la primera fila. En su cuaderno había dibujado un pájaro con un título debajo: «El visitante que casi nos hace llegar tarde».

¡Fin!

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Tu camino

  1. Observar el cristal desde la ranura de control
  2. Inspeccionar la campana por el conducto azul
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