La canción de la cueva
Inés señaló el lugar de donde venía el silbido. Mara avanzó con la vela pequeña mientras Nubo vigilaba la distancia hasta el acantilado.
Poco a poco apareció una abertura oscura en la roca. Cada vez que el viento entraba, la cueva soltaba una nota larga y dos cortas.
—Es esta —confirmó Inés—. No tenemos que entrar. El puerto está después de la siguiente curva.
Mantuvieron el barco lejos de la pared y siguieron la costa. Al doblar la curva, el silbido desapareció. Durante un momento solo escucharon el chapoteo bajo la proa.
Entonces sonó una campana.
—¡La de casa! —exclamó Nubo.
Mara consultó la brújula. La aguja apuntaba hacia el mismo lugar. La señal de Inés y la brújula coincidían: estaban frente a la entrada.
Un marinero del puerto vio su vela y levantó un farol para guiarlos durante el último tramo. Poco después, Inés echó la amarra al muelle.
Descargaron las cajas sin que se hubiera mojado un solo farolillo. Al encenderlos, alguien preguntó cómo habían encontrado el puerto.
Inés silbó una nota larga y dos cortas.
Su abuela, que estaba entre la gente, respondió con el mismo silbido. Las dos se echaron a reír, y la fiesta comenzó.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Escuchar las señales del mar con Inés
- Orientarse por el silbido de la Cueva de los Vientos
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