El silbido entre la niebla
Mara recogió la vela para que el barco casi se detuviera. Los tres guardaron silencio y escucharon. Un soplido largo llegó desde la derecha; después sonaron dos notas más cortas.
—La Cueva de los Vientos —dijo Inés—. Mi abuela me enseñó a reconocerla. Si seguimos el acantilado desde allí, llegaremos al puerto.
—Me quedaré en la proa para vigilar las rocas —ofreció Mara.
Nubo subió un poco por encima de la niebla, pisando pequeños jirones de nube. Allí reconoció una nube redonda con un borde rosado.
—¡Cira! ¿Puedes ver nuestra campana?
La nube se inclinó sobre él.
—Sí. El viento me lleva justo hacia el puerto. Puedo ir apartando la niebla para que veáis el camino, pero tendréis que seguirme despacio.
Nubo volvió a cubierta y contó lo que había visto.
Inés señaló hacia el silbido. Su ruta bordeaba la costa y podrían reconocer cada curva. Cira ofrecía abrir un paso por el agua libre, lejos del acantilado.
Mara comprobó que todos estaban preparados. ¿Se guiarían por la cueva que conocía Inés o seguirían a Cira?
¿Qué camino eliges?
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