Cira abre una ventana
Nubo subió hasta Cira y se sentó sobre su borde rosado. Desde allí podía ver la campana del puerto y la vela del Golondrina debajo de él.
—¡Estamos listos! —gritó.
Cira avanzó con el viento. A su paso empujaba la niebla hacia los lados y dejaba un claro sobre el agua. Mara navegó por el centro mientras Inés vigilaba que las cajas no se movieran.
Cuando Cira comenzó a alejarse demasiado, Nubo levantó los brazos.
—¡Más despacio! Nuestro barco no corre tanto.
La nube se ensanchó como una almohada y el viento dejó de empujarla tan deprisa. Nubo esperó hasta ver el mástil justo debajo.
Así avanzaron juntos hasta que las primeras casas aparecieron frente a la proa. Mara hizo sonar la campanilla del barco y desde el muelle respondieron con gritos de bienvenida.
Nubo bajó a cubierta antes de amarrar.
—Gracias, Cira. ¿Te quedas a ver los farolillos?
La nube se acomodó sobre la colina del puerto. Desde allí vio cómo descargaban las veinte luces y las colgaban entre los postes del muelle.
Cuando encendieron el último farolillo, su color rosa se reflejó en el borde de Cira. Nubo alzó su sombrero para saludarla. El Golondrina estaba en casa y la fiesta podía empezar.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Escuchar las señales del mar con Inés
- Pedir a Cira que abra un camino entre la niebla
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