La última curva antes de la caseta
Siguieron los postes blancos. En cada curva, Oriol alumbraba el siguiente tramo y Bran comprobaba las marcas del mapa. No se salieron del sendero cuando oyeron un chapoteo detrás de los juncos.
La caminata fue larga. Se detuvieron una vez en un banco cubierto para beber agua y descansar. Después encontraron la última señal: tres hojas pintadas sobre el poste de la caseta.
La guardabosques les abrió al oír sus pasos en el porche. Bran anotó que una de las marcas del camino necesitaba pintura nueva. Oriol apagó su hechizo y se sentó con una taza caliente entre las manos.
Por la mañana, la niebla había desaparecido. Desde la ventana se veía el pantano y la gran curva que habían recorrido. El aprendiz entendió por qué su amigo no había querido cortar por el agua.
Antes de marcharse, copiaron juntos la ruta en una hoja nueva para el tablón del observatorio. Oriol dibujó una luz pequeña al lado de los postes. Era el tamaño que les había servido.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir los postes que rodean el pantano
- Continuar por los postes sin cruzar el pantano
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