El borde del pantano
Bran encontró el primer poste blanco sin abandonar el suelo firme. El agua del pantano quedaba al otro lado de una baranda baja. Entre los juncos se oían golpes y susurros que la niebla hacía difíciles de situar.
Oriol levantó la vista. Una rama rozaba otra con cada soplo de viento. Más cerca, una rana saltó al agua. No había una voz dándoles instrucciones: eran sonidos del lugar.
El mapa mostraba que el sendero se curvaba antes de llegar a la caseta. Parecería alejarse de ella durante un rato, pero no necesitaban cruzar el pantano para acortar.
Bran cerró el cuaderno después de señalar la siguiente curva. Oriol alumbró el poste más cercano. Seguirían por el borde, aunque el camino tardara más en llevarlos a casa.
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