La ciudad flotante
La ciudad flotante
(0.00)★★★★★

Este cuento aún no ha sido valorado, se el primero en valorarlo

La ciudad flotante

La primera señal fue una naranja. Rodó desde el puesto del mercado hasta el extremo de la plaza y cayó dentro de una fuente.

Anselmo, el monje que cuidaba los registros de Nimbo, miró la línea del agua. Estaba inclinada.

La ciudad flotaba gracias a tres piedras de aire, alimentadas por conductos que recogían el viento. La del barrio oeste recibía cada vez menos, y sus calles empezaban a bajar.

Bastian cerró el puente del mercado y llevó a los vecinos a la plaza central, todavía nivelada. Nadie había quedado en la zona inclinada.

Lyra, el hada de las alas plateadas, escuchó el silbido de los conductos.

—No se ha roto la piedra. El aire no está llegando bien.

Podían estudiar el recorrido del viento con Lyra o acceder con Bastian a los mecanismos de mantenimiento. Anselmo llevaría las llaves y los planos en cualquiera de las dos rutas.

Una barca de nubes esperaba por si tenían que abandonar Nimbo. Pero aún podían reparar el problema. ¿Por dónde empezarían?

❦

¿Qué camino eliges?

❦