La ciudad flotante

La ciudad flotante

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La ciudad flotante vibra con un pulso suave que mantiene las casas suspendidas entre las nubes. Dos rutas se iluminan a la vista de los niños: una va hacia una torre donde brilla una figura delicada; la otra, hacia una muralla de hierro que resuena con pasos firmes. Frente a ellos, Lyra flota, sus alas translúcidas parpadeando como estrellas pequeñas.

Frente a ellos, Bastian se adelanta con la seguridad de quien protege a todos sin dudar. Y, entre ambos, Anselmo coloca las manos sobre su túnica gris y escucha el murmullo del viento.

—Lyra, ¿qué hacemos? —pregunta uno de los niños, nervioso—. La ciudad no puede sostenerse sin ayuda.

—Primero debemos entender el problema, no la prisa —responde Lyra, con voz suave—. Si seguimos la ruta de quien sabe guiar, encontraremos una solución clara.

—No perdamos tiempo si hay peligro, podemos arreglarlo ahora mismo —reclama Bastian, alzando su escudo—. Yo voy al núcleo de la ciudad y aseguro que nadie se caiga.

—La armonía entre mundos necesita calma y paciencia —advierte Anselmo, mirándolos a todos—. Podemos buscar una solución que combine fuerzas.

Lyra se acercó y mostró un mapa de las nubes iluminadas. —Si trabajamos juntos, cada ruta puede enseñarnos algo: la paciencia de Anselmo en un camino, y la acción de Bastian en el otro.

El pulso de magia tiembla y el murmullo se vuelve claro. —Entonces, ¿qué hacemos? —preguntan al unísono los niños.

Una pregunta queda en el aire, y cada camino promete respuestas distintas. ¿Cómo decidirán avanzar sin romper el vínculo entre mundos?

¿Qué camino eliges?