La placa y el plano
Iris dejó la mochila sobre un banco y sacó la vela azul. Nereo limpió con su pañuelo el polvo de la placa.
—Aquí hubo letras pintadas —dijo—. Quedan unas manchas en las esquinas.
La vela de Iris revelaba tinta vieja, pero solo mientras estaba encendida. Si funcionaba sobre la placa, tendrían que leer deprisa antes de que el viento apagara la llama.
Sylas examinó el plano bajo el cristal. Mostraba un jardín exterior que rodeaba la biblioteca. En el extremo había un mosaico, señalado con el dibujo de un libro.
—Los mosaicos duran mucho —observó—. Quizá el nombre siga escrito allí.
El sendero empezaba a la derecha del portón y no necesitaban entrar para recorrerlo. En el plano se distinguían claramente una fuente vacía y tres bancos que servirían de referencia.
Iris preparó una cerilla. Nereo se acercó para proteger la vela con las manos, si elegían usarla. Sylas repasó una vez más el camino al mosaico.
¿Intentarían leer la placa con la luz azul o buscarían las letras en el jardín exterior?
¿Qué camino eliges?
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