Lo que recordaba la encina
Fortaleza perdida: el nombre de la puerta
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Lo que recordaba la encina

Sylas apoyó las dos manos en el tronco. Iris se sentó en una raíz y Nereo esperó junto a ella sin mover las hojas del suelo.

Durante un rato solo se oyó el viento. Después, Sylas distinguió una voz lenta entre los crujidos.

La encina recordaba niños sentados a su sombra, cestas de libros y una mujer que llamaba a los lectores cuando empezaba a llover.

—¿Qué decía esa mujer? —preguntó Sylas.

Las hojas se agitaron. Sylas sonrió al escuchar la respuesta.

—Decía: «¡A Albor, que nos mojamos!».

Iris repitió el nombre para no olvidarlo. Los tres dieron las gracias a la encina y regresaron al portón.

Cuando dijeron «Albor», la puerta se abrió. Dentro encontraron una biblioteca entera esperando lectores. Nereo abrió las cortinas y el sol iluminó las mesas.

Sylas sacó un libro de árboles. Lo llevaron hasta la encina y leyeron el primer cuento bajo sus ramas.

Al terminar, una bellota cayó sobre la página. Iris la recogió con las dos manos.

—Creo que quiere que leamos otro.

Nereo fue a buscar más cojines. Antes del anochecer ya había varios vecinos escuchando, sentados alrededor del tronco. La biblioteca había vuelto a abrir, y su lectora más antigua no necesitó moverse de sitio.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Rodear la muralla hacia la encina y el tintineo
  2. Preguntar a la encina por los antiguos lectores
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