La jornada del patio
Tula pidió a la encargada de las reparaciones que revisara el patio del comedor. Confirmó que podían usarlo manteniendo cerrado el edificio. El tejado lo arreglarían los profesionales; el barrio podía ocuparse de las mesas, la limpieza y las invitaciones.
Paco preparó una lista con tareas pequeñas. Quien solo disponía de media hora podía secar una silla o llevar un aviso. Ciro preguntó qué herramientas tenían antes de asignar trabajos. Tula reservó un rincón para descansar y conversar.
La coneja llevó las sillas que ya había limpiado. Los ratones tendieron los manteles. Una vecina prestó un toldo y los adultos que sabían montarlo lo fijaron en los soportes del patio.
El domingo abrieron las mesas al barrio. Algunos habían trabajado toda la semana; otros llegaron directamente a comer. Paco les sirvió a todos. La jornada de arreglos había permitido reunirse, pero no era una entrada que hubiera que pagar.
Cuando el tejado quedó reparado, conservaron las mesas del patio para los días buenos. En el tablero de tareas dejaron siempre una casilla vacía. Tula decía que alguien acabaría encontrando una forma de ayudar que no se les hubiera ocurrido poner en la lista.
Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Preguntar a los vecinos que guardan las sillas en la cueva
- Preparar una jornada para habilitar el patio seguro
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