Las sillas de la cueva
En la cueva encontraron a una coneja limpiando sillas y a dos ratones secando manteles. Se sorprendieron al oír que Paco había preparado una comida en la plaza. Ninguno había podido leer el aviso.
La coneja explicó que su despensa se había mojado y no tenía nada que aportar. Uno de los ratones necesitaba ayudar en casa. Desde el temporal, todo el mundo estaba ocupado y algunos sentían vergüenza de llegar con las manos vacías.
Paco miró las sillas que habían limpiado sin que nadie se lo pidiera. —Creí que me habíais dejado solo —admitió. La coneja le enseñó un montón de manteles todavía húmedos. No respondió con un reproche.
Ciro se ofreció a visitar las casas y preparar una comida pequeña con lo que hubiera, dejando claro que nadie tenía que llevar nada para sentarse. Tula propuso otra idea: convocar a quienes pudieran ayudar y organizar una jornada para habilitar el patio del comedor, que seguía siendo seguro.
Paco guardó el papel mojado. Antes de hacer otro cartel, esta vez quería saber quién podría leerlo y qué necesitaba cada vecino para participar.
¿Qué camino eliges?
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