Una invitación sin lista de aportaciones
Ciro visitó a los vecinos con una pregunta distinta: «¿Te apetece comer acompañado el domingo?». Si alguien decía que no tenía nada para llevar, le explicaba que ya había sitio y plato para él.
Tula prestó su patio cubierto. La coneja llevó sillas limpias. Los ratones aparecieron con dos manteles secos y se marcharon temprano para ayudar en casa. Nadie les pidió que justificaran por qué no podían quedarse.
Paco preparó una sopa con las verduras que reunieron. No alcanzaban para un banquete, pero una vecina añadió pan y otra sacó un tarro de aceitunas. Ciro se sentó junto a un anciano que llevaba dos domingos sin conversar durante la comida.
Al recoger, Paco agradeció a la coneja las sillas. Ella le respondió que había querido ayudar desde el principio. El pingüino asintió y le pidió perdón por haber pensado otra cosa sin preguntarle.
Siguieron reuniéndose en patios prestados hasta que el comedor estuvo reparado. En la nueva puerta pusieron una frase que Ciro había repetido en todas las casas: «Puedes venir aunque hoy no puedas traer nada».
Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Preguntar a los vecinos que guardan las sillas en la cueva
- Invitar en persona y organizar una comida pequeña
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