La decisión de la paciencia junto a la catarata

La decisión de la paciencia junto a la catarata

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La roca junto a la catarata se quedó en silencio cuando la decisión fue tomada: no forzar la piedra. Hada del amanecer posó sus alas transparentes y dejó caer una luz suave sobre la inscripción, ya casi borrada por el agua y el tiempo.

—Hada del amanecer, no moveremos nada que no esté claro; la paciencia nos da la pista que necesitamos —dijo con voz amable, y su saludo pareció una brisa que empujaba la curiosidad hacia la calma.

El Ser del tiempo, con su antiguo reloj de arena, asintió quedamente: —La paciencia mide el ritmo, y el ritmo nos enseña a escuchar cada oportunidad sin precipitarse. Sus palabras sonaban como un susurro medido, ligero y seguro.

El Zorro de las sombras olfateó el aire húmedo y añadió, con la voz ágil de quien conoce cada recodo del bosque: —Si dejamos la piedra como está, la catarata seguirá contando su historia, y nosotros aprenderemos a entenderla sin forzar la clave.

La inscripción, ya sin trazos legibles, parecía borrarse a cada lágrima de la cascada. Sin embargo, el aprendizaje quedó claro: la paciencia y el diálogo ganan confianza. Se miraron entre sí, entendiendo que el camino inmediato era retroceder con la misma tranquilidad con la que llegaron.

—Volvamos a la selva —dijo Hada del amanecer, con una sonrisa que parecía luna pequeña—, y llevemos con nosotros una nueva visión de las corrientes: no apurarlas, seguirlas dialogando. Eso nos mostrará el camino correcto.

Con esa idea, caminaron de regreso, paso firme y sin prisas, hacia la selva, sabiendo que lo importante no era la piedra sino la conversación que les inspiraba confianza, y que las corrientes de la vida se entienden mejor cuando se escucha despacio.