La pasarela sobre la niebla
La catarata del crepúsculo
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La pasarela sobre la niebla

Eligieron la ruta alta. Telmo tomó una linterna y los acompañó hasta la loma; debía revisar la pasarela antes de cerrar su ronda.

Silo reconocía los recodos por el olor de los pinos. Esperaba en cada curva, sin alejarse del grupo. Eira llevaba la caja bien sujeta y Orio ayudaba a Telmo con la linterna.

Arriba, la niebla quedaba por debajo de sus pies. La pasarela unía dos rocas anchas, lejos del chorro de agua.

Telmo revisó el cierre de la barandilla y apartó unas ramas del suelo. Después cruzaron juntos.

—El sendero baja directamente al vivero —indicó el guardián al despedirse.

Llegaron cuando la jardinera recogía sus herramientas. Silo anunció la visita con un ladrido corto. Eira entregó la caja y todos ayudaron a ordenar los sobres por sus nombres.

Antes de acostarse, escribieron a Telmo una nota de agradecimiento y la dejaron para el correo de la mañana.

Desde la ventana del vivero se veía la loma que habían cruzado. La catarata quedaba oculta en la oscuridad, pero ya no estaba entre ellos y su encargo: las semillas descansaban en el armario.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Llamar al guardián del paso
  2. Cruzar por la pasarela alta con Telmo
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