El pacto de la cascada

El pacto de la cascada

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El Zorro de las sombras avanza entre la niebla y empuja suavemente la cortina de agua. Detrás, una sala oculta se abre como un secreto que se revela a quien pregunta con paciencia. Las gotas brillan a cada respiro y el camino parece una pasarela de luz.

—Sigamos la corriente hasta la sala oculta tras la cortina de agua, donde vive la verdad de este lugar —dijo Zorro de las sombras.

La Hada del amanecer alza sus alas transparentes y destila una luz suave que no ciega, solo guía. Su voz, clara, invita a la prudencia.

—Mantengamos la calma y expliquemos al guardián nuestro deseo de aprender y de compartir lo que aprendemos con quienes lo necesiten —dijo Hada del amanecer.

El Ser del tiempo mide el instante con serenidad. Su reloj de arena antiguo se le da vueltas en la mano, como si cada grano fuera un segundo que respira.

—El guardián escucha cuando el reloj marca el momento adecuado para hablar —dijo Ser del tiempo.

Avanzan y la sala se revela: una especie de atrio de agua que se alimenta de la corriente y de la curiosidad de los visitantes. El guardián, una figura suave y poderosa, se acerca sin hacer ruido.

—Nosotros venimos a aprender y a enseñar, cuidando este lugar para que llegue a quienes lo necesiten —dijo Zorro de las sombras.

—Si prometen compartir el conocimiento, les abriré este sitio; pero deben ser fieles a la regla: quien entra debe dejar que otros aprendan —dijo el Guardián de la cascada.

La catarata continúa, pero ya no es un secreto: es una ruta para quienes buscan aprender. Y así, el pacto queda sellado en voz baja y con una sonrisa de agua.

Moraleja: cuando el saber se comparte, la curiosidad se multiplica y todos pueden avanzar juntos.