El guardián de las dos orillas
La catarata del crepúsculo
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El guardián de las dos orillas

Eira tocó la campanilla. Un hombre con botas de agua salió de una caseta cercana. Se llamaba Telmo y cuidaba el puente.

Escuchó adónde iban y miró la caja de semillas.

—Podéis cruzar por arriba —explicó—. Hay una pasarela detrás de la loma. Es más larga, pero el agua nunca la cubre.

Silo reconoció el sendero estrecho que ascendía entre los helechos. Podría ir delante y señalar las curvas.

Telmo ofreció otra posibilidad. Al amanecer, la catarata desviaba sola su curso durante media hora para limpiar el puente. Podían dormir en la caseta y cruzar entonces.

Orio calculó el camino restante. Desde la otra orilla llegarían al vivero en una hora. Esperar hasta la mañana no incumplía la entrega.

—La caseta está seca y tengo mantas —añadió Telmo.

Eira miró a sus compañeros. ¿Tomarían la pasarela alta aquella tarde o descansarían para cruzar al amanecer?

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¿Qué camino eliges?

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