El paso del amanecer
La catarata del crepúsculo
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El paso del amanecer

Telmo les preparó un rincón seco en la caseta. Eira colocó la caja sobre un estante, lejos de la puerta. Orio guardó el reloj y Silo se hizo un ovillo bajo una manta.

No intentaron adelantar el amanecer. Cenaron, hablaron del vivero y durmieron mientras la catarata llenaba la noche de ruido.

A la mañana siguiente, Telmo los despertó cuando apareció la primera claridad. El agua empezó a apartarse sola y dejó el puente al descubierto.

Esperaron a que los peldaños quedaran libres. Luego cruzaron con el guardián, que llevaba su escoba para limpiar la piedra.

En la otra orilla se despidieron. El sendero del valle estaba húmedo y olía a tierra nueva.

Llegaron al vivero mucho antes del mediodía. La jardinera abrió la caja y comprobó que las semillas estaban intactas.

—Habéis llegado descansados —observó.

Eira le contó dónde habían pasado la noche. Después la ayudó a guardar los sobres mientras Orio anotaba la entrega.

Silo salió al jardín y se estiró al sol. El viaje había durado una noche más, pero la promesa se había cumplido y la caja estaba exactamente donde debía estar.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Llamar al guardián del paso
  2. Descansar y cruzar al amanecer
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