La llave de las dos ruedas
La catarata del crepúsculo
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La llave de las dos ruedas

Silo sacó la llave del nicho con cuidado y la dejó junto a la rueda. Orio la encajó mientras Eira leía los dibujos.

—Dos vueltas hacia la luna grande.

La rueda cedió. La cortina de agua se apartó y dejó al descubierto un puente de piedra con barandillas. Esperaron hasta que las últimas gotas se escurrieran por los peldaños.

Orio guardó la llave en su bolsillo. Eira caminó en medio, protegiendo la caja, y Silo fue delante. Al otro lado encontraron la segunda rueda, marcada con una luna pequeña.

La giraron hasta devolver el agua a su cauce. Junto a ella había un nicho idéntico: dejaron allí la llave para quien necesitara cruzar de regreso.

Continuaron por el sendero del valle y llegaron al vivero antes de cenar. La jardinera abrió la caja sobre una mesa seca y comprobó cada sobre.

—No falta ninguno.

Eira la ayudó a guardar las semillas en el armario de invierno. Orio anotó la fecha de entrega y Silo se tumbó junto a la estufa.

Afuera empezó a llover. La catarata seguía su curso y las semillas estaban al otro lado, secas y a salvo hasta la primavera.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Examinar el mecanismo de la piedra lunar
  2. Usar la llave lunar y las dos ruedas
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