El libro del guardián
El lobo abrió la oficina antes de que llamaran. Se llamaba Orso, y llevaba años esperando una visita que temía. Cuando Mara explicó el motivo, sacó un libro envuelto en tela encerada. El registro seguía allí, bajo su cuidado.
La orden estaba fechada y firmada. El alcalde había protegido los almacenes del alto del valle desviando el agua hacia las casas. Debajo figuraba la firma de Orso. —Yo cerré la compuerta —dijo—. Después acepté que lo llamaran una avería.
Silas no defendió a su padre. Se sentó en el escalón mientras Alba mantenía abierta la página con una garra. La tinta no había perdido su color.
Orso les permitió llevarse el libro. Podían presentarlo esa misma noche, durante el homenaje, y detener la lectura del discurso. También podían depositarlo al día siguiente en el archivo y convocar primero a las familias afectadas. Mara no quería que otra ceremonia decidiera por ellas cómo contar su pérdida.
¿Qué camino eliges?
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