El susurro de la torre
La fortaleza abandonada
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El susurro de la torre

Teo y Mia subieron a la torre. No había fantasmas: el susurro venía de un tubo de metal junto a la ventana.

Mia acercó una oreja. Oyó un silbido y, detrás, el golpe suave de algo que se movía con el viento.

—Mi abuela usaba estos tubos para hablar con los marineros de abajo —recordó Teo.

En una mesa encontraron un plano de la fortaleza. El almacén aparecía junto al muelle, y el cofre azul estaba dibujado bajo una escalera interior.

Mia siguió con el dedo la ruta desde la torre: bajar al patio, atravesar el arco y girar junto al pozo.

—Con esto llegaremos directamente.

Teo miró el tubo. Tenía un pez grabado y descendía por la pared, sujeto con anillas. En el plano, una línea del mismo color terminaba al otro lado del almacén.

—También podemos seguir el tubo. El ruido de abajo quizá venga de la ventana del cuarto.

Mia levantó el plano para mirarlo mejor. El camino del patio era más corto; la escalera que acompañaba al tubo estaba cubierta y evitaba el viento del muelle. Los dos llegaban al mismo lugar. ¿Cuál seguirían?

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¿Qué camino eliges?

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