La frontera de la Torre de Cobalto
Cuentos de Aventuras 13-18 años

La frontera de la Torre de Cobalto

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La frontera se dibujó en la niebla temporal como una cicatriz brillante. El equipo se detuvo frente a la Torre de Cobalto, una columna que parecía surgir de la nada y, al mismo tiempo, de todos los tiempos posibles. El pasaje entre mundos parecía estable, pero exigía un acuerdo rápido entre los tres para activar el umbral y avanzar sin perderse a mitad de camino.

Zeta comprobó el módulo de sincronización, la superficie de su cuerpo brillando con un pulso leve. Bram repasó mentalmente las posiciones de sus compañeros, como si cada paso pudiera corregir errores del pasado. Merek dejó que sus pensamientos se despejaran, buscando una señal de que el equilibrio se mantendría si todos cooperaban. Ninguno habló todavía, pero el ruido sordo de la niebla alrededor les marcaba el tempo de la decisión que debían tomar.

—Necesitamos un plan claro y breve —dijo Zeta, su voz fría y directa.

—Estoy de acuerdo —respondió Bram.

—Yo coordino la brújula temporal —intervino Merek.

Zeta asintió, registrando cada promesa. —Si alguno se atrasa, el otro lo cubre sin discutir. El umbral no debe fallar por un gesto de orgullo: la seguridad es precedencia —dijo.

—Puede ser peligroso forzar un avance sin sincronía —dijo Bram.

—La Torre responde a tres señales distintas: movimiento, energía y equilibrio. Cuando yo diga el signo correcto, activamos el umbral y caminamos a la vez —dijo Merek.

Los tres se miraron. En una fracción de segundo llegaron a un acuerdo tácito: cada uno cumpliría su parte sin dudar. Zeta dio la señal inicial con un leve destello en su torso. Bram dio tres pasos firmes en dirección a la Torre, obteniendo la verificación de la energía. Merek, con un susurro, lanzó el hechizo que igualó las frecuencias y selló el paso entre realidades.

La Torre de Cobalto respondió con un susurro de siglos y se abrió una vía que brilló con claridad, como si una ruta segura se revelara ante sus ojos. Los tres caminaron juntos, sin rencores, confiando en la precisión de cada uno. Al cruzar, la niebla se cerró detrás de ellos, como si la frontera hubiera guardado su secreto para siempre. Y, al salir, supieron que la coordinación no es solo técnica: es confianza compartida que salva del error. Así quedó claro que cuando la cooperación se convierte en norma, incluso el tiempo coopera a su paso.