La Frontera del tiempo
Cuentos de Aventuras 13-18 años

La Frontera del tiempo

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La Frontera del tiempo se abre como un ojo parpadeante en medio de la nada. Tres sombras se detienen frente a ella: Zeta, un robot evolucionado que brilla con sensores y un código de honor tan claro como una regla; Bram, un guerrero en busca de redención, con cicatrices en el alma que pesan más que su armadura; y Merek, un mago en su misión, con ojos que llevan el peso de los años y un bastón que parece contener secretos.

—Hemos detectado variaciones temporales en la frontera, debemos actuar con precisión y sin generar paradojas que nos perjudiquen —dijo Zeta.

El robot avanza primero, sus pasos suenan a máquinas bien engrasadas. El viento trae un aroma a hierro y sal. El guerrero se adelanta, despeinado por la presión de recordar errores pasados; su mano busca la empuñadura de su espada como si fuera un recuerdo que no quiere volver a vivir. El mago, quieto pero alerta, eleva la mano y hace girar una pequeña esfera luminosa para sentir el flujo de las eras cercanas.

—Si cruzamos, ¿estaremos listos para las consecuencias? No quiero repetir lo que ya rompí —dijo Bram.

El guerrero apoya la rodilla en el suelo, como si el acto de arrodillarse fuera un pacto con el futuro. La esfera del mago emite un sonido suave, cada pulso parece confirmar que el conocimiento puede cambiar ciertas sentencias del tiempo. Zeta mantiene la mirada fija en la frontera y, por primera vez, su voz suena casi humana cuando responde.

—Las reglas que aprendí me obligan a proteger el equilibrio. Si la frontera se debilita, perderemos más de lo que ganamos —dijo Zeta.

El mago asiente y guarda la esfera. Su capa se agita ligeramente; parece traer memorias de otros lugares, otros pactos. Hablan de decisiones difíciles, de aquello que nadie quiere enfrentar, pero que todos deben enfrentar para no perderse a sí mismos. La frontera respira con un suspiro tangible, como si el tiempo estuviera escuchando cada palabra.

—Nuestro objetivo es salvaguardar el equilibrio. Si el pasado se altera, el presente podría hundirse y el futuro perdería su rumbo —dijo Merek.

Un chasquido ligero corta el silencio. La frontera titubea, y un destello revela tres senderos invisibles: cada uno conduce hacia un recuerdo distinto del presente. Ninguno de ellos sabe cuál elegir, pero todos entienden que la acción que tomen ahora cambiará aquello que vendrá después.

El silencio se hace breve y luego, una pregunta cae como una piedra en el pecho de los tres: ¿cuál camino deben recorrer para evitar dañar a quienes aman, y qué precio están dispuestos a pagar para corregir lo que hicieron mal?

La escena queda en suspense, y la frontera espera la decisión que les permitirá cruzar o quedarse a desentrañar el misterio de su propio tiempo.

¿Qué camino eliges?