Dos caminos hacia la linterna
Al llegar al refugio, Brin se detuvo para recuperar el aliento. La linterna apagada parecía un pequeño punto negro contra el cielo.
Junto a la puerta colgaba una campana. Debajo, un letrero decía: «Tócala y el eco te mostrará los peldaños». Una escalera de piedra subía desde allí, pero se perdía entre la niebla.
—No quiero poner una pata donde no vea el suelo —dijo Brin.
Milo leyó el resto del letrero. La campana despertaba unas marcas doradas en cada peldaño. Su luz duraba mientras alguien mantuviera el sonido.
—Podrías acompañar el eco con la música de tu cuerno —propuso.
A un lado del refugio había otra entrada: un túnel ancho, protegido del viento. Una fila de luciérnagas brillaba sobre el arco, junto a unas palabras talladas: «A la cumbre».
Una luciérnaga se posó en la nariz de Brin. Él estornudó y la lucecita salió volando, ilesa.
—Creo que también quieren enseñarnos su camino —dijo, riéndose.
La escalera era más corta. El túnel daba un rodeo, pero quedaba al abrigo de la niebla. Todavía podían llegar por cualquiera de los dos antes del amanecer. ¿Cuál elegirían?
¿Qué camino eliges?
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