El Palacio del amanecer

El Palacio del amanecer

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Las tres guardianas llegan al Palacio del amanecer, iluminadas por la primera luz del día. La puerta de mármol tiene un rompecabezas tallado en relieve: un laberinto de piedra que parece moverse si alguien lo observa demasiado rato. Aurora se adelanta, firme y cálida; Lucía desliza su arco en la espalda; Estela da un paso ligero, como si el suelo quisiera bailar con ella.

—Tenemos que unir fuerzas y pensar en cada detalle —dice Aurora.

La puerta emite un tintineo suave, y una pieza del relieve cambia de posición, revelando otra parte del laberinto. Lucía alza la mano para iluminar las esquinas oscuras, mientras Estela observa los movimientos de las piezas con atención tranquila.

—La luz nos muestra partes que no vemos de inmediato. Si cada una aporta lo que sabe, encontraremos la salida —dice Lucía.

Estela da un giro y marca el ritmo con un paso corto en el suelo de piedra, como si el suelo fuera una pista de baile. Las piezas del laberinto empiezan a responder a ese ritmo y a los gestos de las tres amigas.

—Si seguimos el ritmo del laberinto, tal vez se abra una ruta —dice Estela.

Se miran entre ellas, conscientes de que lo que están a punto de decidir no es solo un truco de piedra, sino una forma de cooperar. El silencio se rompe con una pregunta clara en sus ojos: ¿qué camino tomarán para avanzar juntas?

¿Qué camino eliges?