La rueda y el freno
Siguieron el plano hasta una habitación con una rueda grande. Una cuerda subía desde ella hacia el borde de la cúpula.
Iris leyó las instrucciones del freno y lo probó antes de empezar. Aitana y Teo giraron juntos la rueda. La cubierta se desplazó un poco, dejando una línea de cielo.
—Paramos aquí un instante —pidió Teo.
Iris puso el freno. La rueda quedó inmóvil y pudieron descansar sin perder lo que habían avanzado.
Se alternaron para seguir girando. Poco después, el hueco tuvo la anchura indicada en el plano. Aseguraron el freno y regresaron a la sala principal.
Aitana recibió a los niños del valle mientras Teo colocaba un taburete junto al telescopio. Iris ayudó a ajustar el ocular.
Cada visitante pudo ver el cometa antes de que el amanecer llenara el cielo de luz. Una niña dibujó su forma en la última página del cuaderno de Teo.
Cuando terminaron, dejaron anotado que el sistema automático necesitaba reparación. Aquella mañana lo habían abierto manualmente; no fingieron que el atasco hubiera desaparecido.
Aitana miró los dibujos que los niños se llevaban. Ninguno tendría que imaginar lo que otros contaran después: todos habían estado allí.
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