El precio de un secreto
Llevaste a Abel a un rincón del salón y le ofreciste guardar silencio sobre las facturas si reconocía lo ocurrido. El administrador te escuchó sin admitir nada.
—Si de verdad crees que he matado a Esteban, ¿por qué me ofreces marcharme? —preguntó.
No obtuviste la confesión que esperabas. Cuando llegaron los agentes tuviste que contarles el ofrecimiento, además de las pistas. Decidieron que continuarían los interrogatorios sin tu intervención.
Celia entregó el sobre por su cuenta. La policía aseguró el disco y los documentos de Abel, contrastó los horarios y terminó descubriendo la agresión con el faro de bronce. El administrador reconoció después la manipulación del reloj y del brindis.
El caso se resolvió, pero tú no pudiste presentar aquel acuerdo como una parte necesaria del resultado. Habías ofrecido silenciar precisamente los hechos por los que Esteban te llamó.
La familia decidió prescindir de tus servicios antes de que amaneciera. Al salir de Villa Bruma, la carretera seguía cubierta de agua. El faro del cabo permanecía encendido; sobre tu nombre en el informe constaba una intervención que no podía repararse cambiando de sospechoso.
Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Escuchar por separado las versiones de los sospechosos
- Pedir a Celia que explique el sobre
- Proponer a Abel un acuerdo privado a cambio de una confesión
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