La carta que Celia no entregó
Cuentos de Misterio 18 años o más
La última campanada de Villa Bruma
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La carta que Celia no entregó

Celia te mostró el sobre sin separarse de él. Esteban lo había dirigido a ti y se lo había confiado antes de cenar. Dentro había copias de facturas y una instrucción firmada: debías contrastarlas con los originales que Abel llevaría a la reunión de las nueve y cincuenta y cinco.

—No quería que Abel me viera entregártelo —explicó—. Él decide mi sueldo. Cuando encontré al señor, pensé que dirían que yo había robado sus papeles.

Le pediste que entregara el sobre a los agentes tal como estaba. También le preguntaste por la galería. Celia admitió la mentira: sí había ido a las diez y cuarto para poner un disco que Abel le dejó a las diez. Creyó que reproducía un saludo encargado por Esteban, no una coartada.

La grabación era antigua. La fecha de la etiqueta y un periódico de la biblioteca confirmaban que el puente mencionado en el brindis llevaba semanas abierto. La doctora señaló además la diferencia entre el reloj de pulsera roto, detenido a las nueve y cincuenta y seis, y el reloj de sobremesa sin daños.

El sobre daba un motivo para que Abel temiera la reunión. Su encargo del disco intentaba situar vivo a Esteban después de ella. La mentira de Celia complicaba su testimonio, pero estaba admitiendo un hecho que los demás podían verificar.

Podías preservar el sobre y pedir que comprobaran su relato antes de acusarla. O ofrecer a Abel guardar silencio sobre las facturas si abandonaba la casa, confiando en que así conseguirías una confesión privada. La segunda opción dejaría fuera a quienes tenían que investigar la muerte.

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¿Qué camino eliges?

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