Tres versiones en el salón
Pediste a los invitados que hablaran por separado. No querías que una versión terminara acomodándose a las otras.
Abel fue el primero. Afirmó que llevaba en el salón desde las diez menos cuarto. A las diez y cuarto había oído a Esteban brindar, junto a ti. Eso último era cierto; lo primero no podías confirmarlo. Tú habías entrado en el salón a las diez y cinco.
Inés reconoció la discusión. Su tío se negaba a adelantarle dinero de la herencia y ella había amenazado con marcharse de la casa. Después, según dijo, permaneció junto al teléfono del invernadero hablando con una amiga. No quería dar su nombre delante de Abel.
Celia aseguró que no había vuelto a la galería después de las diez menos cuarto. Mientras lo decía, escondió el sobre arrugado dentro de su carpeta. Le pediste que lo conservara y se lo entregara personalmente a los agentes, sin abrirlo ante los demás.
La doctora solo pudo ofrecer una franja amplia compatible con la agresión: entre las nueve y cuarenta y cinco y el descubrimiento del cuerpo. Un golpe como aquel no permitía reducirla a un minuto con solo mirar a Esteban.
Quedaban dos afirmaciones comprobables: la supuesta presencia continua de Abel en el salón y el motivo de Celia para ocultar aquella carta. Ninguna de las dos personas había dicho todavía toda la verdad.
¿Qué camino eliges?
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